Ella estaba cerca de mi,
cuando la sombra de la muerte se acercaba,
Era su suave tacto asegurándome,
que nada horrendo a mi alma le pasaba.
Solo el deseo de dos almas insanas,
-y todo aire de mortalidad reniegan-
es la unión tacita de sus caderas,
una perversión previamente esperada.
Humedad con aroma de viejos mitos,
se desprenden de criaturas enviciadas,
latidos de obscuras almas milenarias,
buscan fundirse en placeres infinitos.

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