Por tantos siglos fue buscada,
y en mi avaricia la quise mía.
Pero cómo puedes creer tuyo,
lo que en esencia es libre?
Artemisa y Afrodita discuten entre si,
es el color de su cabello realmente tan oscuro?
o lo es sólo su alma y su pena?
Cuando la infelicidad es su bandera.
Grandes ojos, marrones y comunes,
cómo para pasarla por alto,
pero hay algo que no puede ocultarse,
su enviciante aroma a sangre.
Condenado... en mi vicio,
en su piel que sólo al rozar quema.
Ella no le teme a la muerte,
la acepta y la cree parte de si misma.
Me levanto, aterrado...
Sólo observo cómo disfruta del dolor,
y me veo atrapado nuevamente en sus redes,
en la magia de su cuerpo,
y la ponzoña se entierra lascivamente.
Ella sabía que yo vendría, me estaba esperando.

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